
Foto de Kodiak Greenwood
Cuando digo “aloe”, ¿usted piensa en...? Aloe vera, ¿verdad? Curiosamente, la mayoría de la gente no sabe que “vera” se refiere a una especie botánica. Creen que el Aloe vera es una especie de magia que sale de una botella (a menudo teñida de verde) y que quizá tenga un parentesco lejano con una planta. La gente no sabe que otras especies de aloe, como ferox, arborescens, y saponaria, también son medicinales. Y es aún más probable que no sepan que la mayoría de los aloes no son medicinales en absoluto. Los aloes también tienen otros usos. ¿Sabía que se puede hacer jabón con Aloe saponaria? De ahí su epíteto específico, que viene del latín sapo—o jabón.
Me llamo Tyson, y he viajado por el mundo en busca de aloes raros y difíciles de encontrar, y literalmente los he venerado. Este es mi manifiesto sobre por qué los aloes son incomprendidos, algo que creo que empieza con lo omnipresente que es el Aloe vera. Rompamos la idea de que todos los aloes caben de algún modo en esta sola categoría y aprendamos a apreciar de verdad la versatilidad del género Aloe.


¿Por dónde empezamos? Quizá con un poco de mi historia. Soy la tercera generación de mi familia en Big Sur y crecí en un rancho junto al Bosque Nacional Los Padres. En nuestros cincuenta años ahí, mi familia ha enfrentado cinco incendios forestales. Sí, cinco. Uno por década. Algunos incendios quemaron carros recién comprados; otros, edificios recién terminados. El incendio Molera de 1972 llegó a nuestro rancho en media hora, y mi familia apenas tuvo tiempo de lanzarse a la alberca. Con las llamas pasando sobre ellos, casi se asfixian. Y luego, en el verano de 2008, me paré en la puerta de mi casa de madera seca a mirar cientos de pies de fuego. Era un espectáculo imponente, que subía por los cañones lejanos con el estruendo creciente de una avalancha. Oía los árboles caer como edificios que se derrumban y, mientras avanzaba, contuve el pánico y me pregunté: Ya veremos si el jardín de aloes vale la pena.

Foto de Kodiak Greenwood
Ya volveré a la razón principal por la que estoy agradecido con los aloes, su poder para frenar el fuego, pero por ahora veamos el diseño. La utilidad de los aloes en el diseño viene de su versatilidad. El Aloe vera es una planta realmente hermosa: de poca altura pero erguida, que forma grupos, con una flor variable que va del amarillo al naranja y follaje color aguamarina que se vuelve cobrizo al sol. Es perfecta para algunos diseños, pero muy limitada en su alcance. ¡Por suerte tenemos unas 400 especies más, innumerables híbridos e incluso cruces intergenéricos (cruces entre dos géneros distintos) como Gasteraloe y Aloeloba! De hecho, esta abundancia es otra razón para amar los aloes. Quienes nos declaramos fanáticos de las plantas podemos pasar toda la vida coleccionándolos (¡yo lo he hecho!) sin que se acaben. La versatilidad del género nos permite cubrir casi todos los aspectos de un diseño. Aquí me enfocaré en el tamaño, la forma, las flores y el color.


En cuanto a tamaño, el modesto Aloe vera cabe bien en la mayoría de los diseños, pero ¿y si es un poco grande? Aloe vera ‘Chinensis’ es un lindo vera en miniatura. Claro que ni siquiera ‘Chinensis’ cabría en un jardín alpino de rocas. Pero podría usar juvenna, aristata, o el diminuto Aloe haworthioides, que es litófito: ¡crece de forma natural en pequeñas grietas de las rocas! ¿Lo que necesitamos es un aloe “arbustivo” de tamaño mediano? Aloe ramosissima, A. tenuior, A. striatula, o A. arborescens cumplirán esa función. En cambio, ¿y si hace falta un árbol, un elemento realmente grande? No hay aloes que sean árboles, ¿o sí? ¡Claro que sí! Pruebe aloes grandes como Aloe ferox, A. speciosa, A. pluridens, A. thraskii, A. dichotoma y A. vaombe, o aloes enormes como A. barberae o A. ‘Hercules’.


La forma es donde los aloes realmente brillan. Hay aloes que forman matas de varias cabezas, como Aloe vera, A. ‘Rooikappie’, A. nobilis, A. ‘Blue Dwarf’, A. brevifolia, o A. arborescens, o aloes de una sola cabeza, como Aloe gariepensis, A. peglerae, y A. vaombe. Incluso hay aloes intermedios, como Aloe pluridens, que forma un árbol erguido con solo unas cuantas cabezas. Otros echan hijuelos bajo tierra, como Aloe variegata, y algunos con estos hijuelos, como A. saponaria, poblarán rápidamente un área con cabezas bien espaciadas.


Los aloes suelen tener forma de roseta. Al repetir esta forma, podemos lograr continuidad en un diseño, aun usando muchas especies distintas. Entonces, ¿cómo suavizamos estas rosetas? A todos les encantan los pastos alrededor de las rosetas... pero no existen “aloes pasto”, ¿o sí? ¡Pues sí, también hay aloes pasto! Podemos probar uno de muchos, como Aloe myriacantha o A. bellatula; algunos de hecho pueden confundirse con pasto, ya que crecen en sabanas. Para un aloe pasto vigoroso, no hay nada mejor que Johnson’s Hybrid.

Hay otras formas inusuales, como el siempre difícil de conseguir aloe espiral (Aloe polyphylla), que, como su nombre lo indica, forma una espiral hipnotizante, o el Aloe plicatilis, con sus singulares cabezas en forma de abanico. Los aloes serpiente, que forman una masa abundante de cabezas, pueden ser una forma muy útil. Mis aloes serpiente favoritos son Aloe distans, A. arenicola y A. ciliaris. Aloe ciliaris es excepcionalmente útil si se deja crecer a través de una malla ciclónica para formar un muro vivo.

¿Le encantan las flores? ¡Los aloes las tienen! ¿Y sabe a quién más le encantan las flores de aloe? ¡A los colibríes! Muchos aloes, como Aloe ‘Tangerine’ o A. ‘Always Red’, llevan el nombre de sus hermosas flores, que a menudo tienen rayas de varios colores a la vez. Los aloes florecen felices aun cuando se les descuida y, según la especie, pueden florecer casi en cualquier época del año. Me gusta especialmente el Aloe arborescens, cuyas flores naranjas iluminan mi jardín en los días más oscuros del invierno. Pero ¿y si el naranja no va con nuestra paleta de colores? ¡No se preocupe! Las flores de aloe pueden ser color salmón o amarillas, rosas o blancas, de un intenso rojo real ¡y hasta verdes! Algunas incluso tienen un color metálico, como las flores bronceadas del pluridens. Las flores mismas también varían en forma y tamaño, desde las diminutas flores tipo haworthia del Aloe haworthioides, pasando por las flores medianas como pompones del aloe espiral y de ‘Rooikappie’, hasta los enormes candelabros del Aloe marlothii.

El color es el elemento más básico del diseño, y los aloes ofrecen un amplio espectro. Si queremos poner rojo brillante en nuestra paleta, probemos Aloe gariepensis o A. vaombe, que no solo tiene hojas rojo intenso, sino una enorme floración roja en invierno. Cuando necesitamos azul hielo, Aloe brevifolia y A. ‘Blue Dwarf’ nos lo dan; cuando toca el naranja brillante, podemos elegir A. dorotheae. Muchos aloes son verde esmeralda, como A. camperi, A. ‘Rooikappie’, A. nobilis, y A. barberae. Algunos son verde lima, como Aloe pluridens o A. juvenna. Incluso hay aloes metálicos, como Aloe ‘Walmsley’s Bronze’. Algunos aloes, como A. saponaria y A. maculata, adquieren un lindo tono rojo pardo. Muchos aloes llevan el nombre de sus maravillosos tonos, como Aloe striata, conocido comúnmente como aloe coral; Aloe rubroviolacea, cuyo nombre botánico alude a su intenso color violeta; o A. ‘Bright Star’, un cultivar azul hielo con bordes rosas brillantes. Aunque los aloes son una gran opción para jardines de sombra, la mayoría obtiene sus colores vivos del sol, como el Aloe peglerae (que se pone rosa, ¡así que planee en consecuencia!). Los colores de los aloes cambian a lo largo del año y le dan interés de temporada a su jardín.

Los aloes también necesitan muy poco mantenimiento. Están entre las plantas más tolerantes a la sequía que existen, lo que los hace una gran opción para un jardín que se riega a mano. De hecho, muchos aloes crecen en Sudáfrica, que comparte nuestro clima mediterráneo, ¡así que no necesitarán riego adicional una vez establecidos! Pueden prosperar sin fertilizante (aunque agradecen un poco) y requieren muy poca poda. Una vez al año, quite las varas florales secas. Algunas personas prefieren quitar las hojas viejas y secas, aunque a mí me gusta esta “barba” natural.
A los aloes les va muy bien en macetas, y por eso la mayoría también son buena opción para interiores, donde no todas las suculentas pueden crecer. Nuestro amigo el Aloe vera es una excelente planta de interior (después de todo, ¿quién no quiere tener aloe vera a la mano para las quemaduras de sol del verano?), pero otros que funcionan igual de bien son Aloe arborescens, A. ciliaris, A. juvenna, A. haworthioides, A. dorotheae, y A. barberae. También vale la pena mencionar los aloes resistentes al frío; si en su zona hay heladas fuertes, el Aloe marlothii resiste hasta 20 °F, ¡y el A. striatula resiste hasta 15 °F!

¿Todavía no lo convencen las muchas maravillas de los aloes? Entonces es hora de terminar mi historia del incendio.
En aquel caluroso julio de 2008, nuestra agencia local de Cal Fire había emitido una alerta de bandera roja en Big Sur, con pronóstico de vientos extremos y mayor peligro de incendio. Parado en mi terraza esa tarde de viento, oí el sonido del incendio que se acercaba a través de una acre cortina de humo. Los laureles cargados de aceite debajo de mí estallaban en chisporroteantes bolas de fuego, como supernovas. En el viento caliente, las hojas ennegrecidas volaban de los árboles como metralla. Me lloraban los ojos, ardidos y nublados por el humo. Admito que estaba completamente lleno de pánico. Tenía a un amigo ahí para ayudarme, un bombero que llevaba treinta y seis horas despierto. Solo teníamos mangueras de jardín, y hasta esas eran casi inútiles, porque el fuego había quemado la tubería de nuestro tanque de agua tres días antes, así que casi no nos quedaba agua. Oíamos explotar los tanques de propano en la casa de mis vecinos colina arriba y el golpe sordo de los bidones de gasolina de plástico al estallar
El fuego se nos vino encima. El tanque de gasolina de un carro viejo estacionado cerca de la casa de mi primo detonó con una explosión sorda, y después oí caer pedazos de metal como lluvia. Sinceramente, para entonces yo estaba casi histérico, y fue entonces cuando la ola de fuego chocó contra nosotros con toda su fuerza. Matas enteras de ocho pies de Aloe arborescens en el perímetro se vaporizaron, y los pilares de ferox se encendieron en columnas de fuego. Pero luego la oleada perdió fuerza y, como un ejército en retirada, el fuego se desvió hacia un lado, buscando rodear el jardín. Chamuscó el anillo exterior de bulbine, kalanchoe, cotyledon, senecio y aloes, saltando a sus “barbas” y quemando en ráfagas rápidas años de hojas secas. En algunos lugares llegó más adentro del jardín, prendiendo aquí y allá algunos manchones aislados de watsonia o crocosmia. Nos quedamos ahí, en alerta máxima por la adrenalina, esperando para abrir las mangueras, pero el fuego rodeó por completo el jardín, frenado por la barrera de suculentas, y luego se detuvo, dejando llamas chisporroteantes y tocones ennegrecidos y humeantes.


Al final, mi experiencia con el incendio Basin Complex fue, sinceramente, un anticlímax. Todavía tenía la manguera en la mano, pero ni siquiera la había abierto. Mi amigo bombero y yo nos reímos un momento de lo absurdamente eficaz que fue el jardín de aloes, y luego corrimos a ayudar a mi vecino, el de los tanques de propano que explotaron, quien desde entonces cubrió de aloes toda su ladera.
Nota: The Monterey County Weekly escribió sobre cómo defendimos The Ranch. El artículo contiene mucha información polémica sobre los contrafuegos, pero ayuda a confirmar la historia anterior.

Foto de Kodiak Greenwood
Tyson Curtis trabaja en Flora Grubb Gardens y también diseña jardines para clientes de forma independiente. Puede saber más sobre cómo trabajar con Tyson aquí. Le recomendamos mucho seguir a Tyson en sus viajes y aventuras en Instagram.
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